Antonio Picciotto

Biografía de Antonio Picciotto

La vida del Atleta Antonio Picciotto fue de una existencia plena de realizaciones en dos de los aspectos que lo apasionaron: ser atleta y un mejor dirigente.

Nació en 22 de diciembre de 1914. Se inició en la actividad deportiva por el año 1927 y tan sólo 5 años después apareció como figura importante del atletismo mendocino. Alcanzó en 1935 el halago de consagrarse como Primer Cuádruple Campeón Cuyano en 100, 200, posta 4x100 y posta 4x400 mts. A partir de allí prosiguió una serie de triunfos en pruebas de pista que lo condujo al año 1936 a coronar su gran esfuerzo deportivo cuando alcanzó a ser nominado para las selectivas, con miras a los Juegos Olímpicos de Berlín. Cuando todo hacía presumir su presencia representando a nuestro país en tan magna justa se quedó con las valijas hechas por una orden de la Federación Argentina de Atletismo que frustró su participación. El desánimo paso rápidamente y con gran entereza se sobrepuso a esta decepción batiendo nuevos récords mendocinos, hasta que a fines de la década del 30 abandonó la práctica activa del Atletismo.

Su amor por esta disciplina lo llevó a seguir ligado a ella como dirigente. En 1977 se acercó a la Federación Atlética Mendocina alcanzando la Tesorería y luego la Presidencia que ocupó desde 1983 hasta 1988. También a través de cursos que realizó obtuvo los Títulos de Juez Nacional e Internacional de Atletismo, especializado en Partida (Estárter).

La Federación Internacional de Atletismo Amateur (IAAF) premió su labor directríz en enero de 1988 con la distinción de la “Gota de Agua”, medalla que se otorga a quienes han sobrepasado los 50 años de actividad ininterrumpida, ya sea como atleta, dirigente o cualquier otro accionar a favor de nuestro deporte.

Su oficio fue la metalurgia, trabajo en el cual se destacó como un visionario en aplicar nuevas técnicas de construcción de consultorios médicos y casillas rodantes metálicas. Se unió en matrimonio con Antonia Espinoza y de esa unión nacieron Silvia Norma y Alberto Dardo que le dieron grandes satisfacciones a lo largo de su existencia.

Un tiempo antes de dejarnos contó (a su hijo Alberto) que había tenido un hermoso sueño donde corría enfundado en un buzo nuevo y sentía el aire fresco en su rostro.

Partió el 28 de febrero de 1991 en la última carrera de su vida, corriendo hacia la inmortalidad por la vereda celestial. Por ello el Atletismo lo despidió con una lágrima.